Rhen siguió a la marioneta que le había enviado el Otokage hasta el interior de la aldea, comprobó que parte de la aldea aún seguía derruida, pero aquel aspecto no hacía más que agradar a Rhen, tenía un aire siniestro envuelta por aquella neblina continua que le daba el aspecto de ser el hogar de los muertos.
Esperaba ser un alumno digno del Otokage y un guardaespaldas aun mejor, pero gracias a los poderes que se le habían concedido todo eso estaba a su alcance, y aún mucho más.
Junto las enseñanzas del Otokage podría desarrollar sus poderes mucho más de lo que aun pudiera imaginar.
Siguió a la marioneta de cerca pues la niebla dificultaba la visión y si no hubiera sido por la visión que le confería el Rinnegan seguramente ya hubiera andado perdido en aquellas calles solitarias.
- Veamos que me tiene reservado el Otokage- Rhen sonrió.