Me encontraba en los jardines de konoha, sentada en un prado verde lleno de hermosas flores. Me encantaba enredar con ellas asi como hacer arreglos florares, en mi familia el arte del Ikebana se pasaba de generacion en generacion y mama me habia enseñado algo de ese arte milenario. "El espíritu, la forma, el ritmo vital y la mitología son cuatro elementos esenciales que han dado lugar a ese arte del trato de las plantas y sus partes. Arte que, en su peculiaridad exclusiva y en las estrictas leyes centenarias que obedece, es, por un lado, único en el mundo, y por el otro, transciende y llena a todo un pueblo" me habia explicado ella y yo siempre atendia a sus explicaciones. El arte del Ikebana me mantenia relajada y distraida de todo mi alrededor. En un mundo donde solo existen flores y reina la paz por doquier, y yo vivia en un mundo contradictorio, donde el caos y la guerra no paraba de aparecer en nuestras vidas. Si bien elegi el camino del ninja era para hacerme fuerte y asi poder vengar el nombre de mi clan.
Me deje caer sobre la verde hierva con un par de flores en mis manos. Rosas y tulipanes se entrelazaban en un pequeño collar que estaba tejiendo.